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Sábado, 25 de octubre de 2014
PAULA PASCUAL
paulapascualdelatorre@yahoo.es

“(…)Aquella mirada decía: “ ¡Mira, estos monos somos nosotros! ¡Mira, así es el hombre!” y toda celebridad, toda discreción, todas las conquistas del espíritu, todos los avances hacia lo grande, lo sublime y lo eterno dentro de lo humano, se vinieron a tierra y eran solo un juego de monos”  
Herman Hesse, El Lobo Estepario. Casi periodista e integrante de la compañía Residui Teatro. En eterno desdoble.  Porque la expresión y la comunicación son una necesidad orgánica de los seres humanos. Y el arte una herramienta de transformación social.
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LA NEURONA DE LA FELICIDAD

 

 

Bryanzu.sistemanervioso 

 

Imaginemos una escena de una película. Un pasaje de tensión, de dolor en el que los protagonistas están sufriendo y, automáticamente, los espectadores se conectan con esa sensación llegando a ser capaces de sentir el dolor  que la ficción evoca. Pasa lo mismo con una escena de amor, un beso definitivo...No es una cuestión de hipersensibilidad y corazón de oro, tiene una explicación científica y bien estudiada que responde a la composición del sistema neurológico del ser humano. 

 

El pasado 5 de octubre la Casa de América en Madrid se dio un baño de ciencia con las conferencias que tuvieron lugar bajo el título de “La Neurona de la felicidad”.  En la ponencia participaban el neurólogo Nestor Braidot (Argentina), el científico Antonio Martín Argauz (Madrid) y el escritor mexicano Jorge Volpi.

 

Néstor Braidot, el primero de los ponentes, arrancó su intervención con un ejemplo práctico. En una pantalla apareció la escena de un niño riéndose a carcajadas, un minuto después prácticamente toda la sala tenía una sonrisa en la boca. Con esta demostración in situ el neurólogo pretendía introducirnos en la idea antes mencionada; la desmesurada empatía que muestra el ser humano con lo que sienten y protagonizan las personas de alrededor. Esta respuesta propiamente humana se debe a las denominadas “neuronas espejo”.

 

Las “neuronas espejo” reaccionan y responden al comportamiento de los otros, siendo constantemente influenciadas por la información que reciben de alrededor. Estas neuronas son el mecanismo esencial para entender cómo “la red neuronal refleja el mundo, la autoimagen y la imagen de la mente de los otros en la producción evolutiva de un comportamiento social”.

 

Las neuronas espejo se activan cuando alguien realiza una acción, e irremediablemente la captan y la reproducen en el sistema neurológico. Se establece, así, una red de conexiones entre individuos que provoca respuestas orgánicas ante lo que se recibe de alrededor. Estamos, por tanto, interconectados los unos con los otros. Nuestro cerebro recibe, constantemente, un gran volumen de información y de estímulos procedentes de los otros (ya provengan estos de la ficción o del mundo real). Un estímulo de información, así como cualquier experiencia, desencadena en el cerebro una activación, un impulso, que afecta a las conexiones neuronales. Se trata de conexiones sinópticas que continuamente producimos. Cuantas más veces repetimos las acciones o más emocionalmente fueron vividos estos estímulos, más calado tendrá y en mayor medida influirá en el futuro. Cualquier aprendizaje que realicemos hoy, por más sencillo o complejo que sea, influirá en el futuro, aunque, desde luego, no tiene por qué ser determinante. El “yo” se forma siempre en la imitación y contacto con los otros “yos”. Todo sirve, todo nos forma.

 

 

“Homo Fictius”

 

Jorge Volpi, autor de la trilogía En busca de Klingsor, El fin de la locura  y No será la tierra, aparecía en la conferencia como siempre: exacto e inquieto. Con un lenguaje sencillo que todo el mundo puede entender nos hace cómplices de sus inquietudes científicas. Se declaraba “científico de ficción” ya que, para él, ésta es la que determina y hace única nuestra especie.

 

“Le dedicamos al día cinco horas a la ficción y tan solo cinco minutos a la reproducción, al sexo”. Con esto el escritor planteaba que tal vez el ser humano no sea tan primario como a veces nos hacemos creer, sino mucho más complejo. Y no sería la conciencia o la inteligencia lo que diferenciase al ser humano del resto de seres vivos, sino, en palabras de Jorge Volpi, la ficción. “Nuestra especie debería denominarse Homo Fictius. El tiempo que le dedicamos a la ficción nos hace verdadera y complejamente humanos”. Y es que somos la única especie capaz de producir ficciones.

 

Como se mencionaba al comienzo del artículo, recibimos constantemente estímulos procedentes de nuestro entorno que las “neuronas espejo” captan creando conexiones sinópticas. Sin embargo, aunque conscientemente uno sepa distinguir la procedencia bien fantástica o bien real de los impulsos, el cerebro no hace esa distinción. Nos enfrentamos, sin descanso, a vivencias reales y de ficción que nos afectan e influyen del mismo modo. Así, para el cerebro, todos alrededor, ya sean compañeros, conocidos, desconocidos…aparecen en su imaginario como  personajes de una novela, a la misma altura que los actores de una película o los personajes de un libro. Y, sin duda, en esta novela, el personaje más importante es uno mismo, “tu eres tu propia novela, la más importante”. Esta idea nos sirve como mecanismo de felicidad, nos imaginamos vidas emocionantes, mejores, nos ayuda a proyectarnos y definirnos. Te inventas a ti mismo cada día. Para Volpi la ficción es, ni más ni menos, aquello que nos enseña a ser humanos.

 

Por Paula Pascual de la Torre

 

 

 

VÍDEOS ASOCIADOS DE NCI

 

Jorge Volpi presenta Dias de ira

 

Días de ira es la más reciente publicación del escritor mexicano. Jorge Volpi, habla sobre esta edición que incluye tres relatos demasiado largos para ser cuentos y demasiado cortos para ser novelas. Lo que él define como media distancia. 

 

 

Redacción NCI  01/04/2011

 

 



 

 

 

 

 

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